Ya van más de tres meses por estas nórdicas tierras y en este punto, toca encarar la recta final del Erasmus. Dos, sólo dos meses son los que quedan para volver a Madrid, lo cuál me va a dar bastante pena por un año tan increíble que he pasado fuera de casa. Mientras tanto, este último mes me he dedicado a escribir mi artículo de Islandia, a tomarme unos días de descanso y hacer una quedada con un amigo que no veía desde hacía mucho, además de tener una gran visita de cuatro días aquí en Aarhus.
Fue muy bueno quedar con mi amigo vasco Jon, que curiosamente nos conocimos en un viaje a Estados Unidos y que sólo le he visto ahí dos veces y la última nos vimos hace unas semanas en Copenhague. Todavía no sabemos lo que es vernos en territorio español por curioso y extraño que parezca. Fueron 24 horas, sólo un día con una noche de por medio, pero suficiente para volver a recordar muy buenos momentos de las dos últimas veces que nos vimos, para patearnos la ciudad de arriba a abajo y para pegarnos una buena fiesta de reencuentro en una discoteca del centro. Para terminar nos seguimos pateando más la ciudad con el free tour, en el que no dejamos de hablar y del que nos enteramos de menos de la mitad por nuestro estado debido a la noche anterior.
Una semana más tarde, vino desde tierras italianas mi gran amiga María para hacer la única visita por el momento que he tenido en Dinamarca. No paramos de hacer cosas e incluso visité sitios en los que no había estado todavía en estos tres meses, todo gracias a que con la visita había que salir obviamente y conocer Aarhus, Copenhague y el parque de Lego en Billund. En 4 días, nos dio tiempo a hacer dos tortillas de patata, un brownie, ir y volver en el día a Copenhague con unas turbulencias horribles en la ida en el barco y ver Legoland, un parque de lo más caro y lo más currado también.
Y de lo que me queda en Dinamarca, esta semana en mi clase publicaremos la revista con todos los reportajes de los sitios a los que hemos ido como "corresponsales". La versión web la podéis ver aquí. Después, a currar como un loco en el proyecto de final de curso, del cuál todavía no sé de qué hacerlo ni a dónde tendré que viajar. Espero que en la próxima entrada ya haya resuelto dicho dilema. Hasta entonces, pues.



