miércoles, 18 de abril de 2012

El mes de los reencuentros

Ya van más de tres meses por estas nórdicas tierras y en este punto, toca encarar la recta final del Erasmus. Dos, sólo dos meses son los que quedan para volver a Madrid, lo cuál me va a dar bastante pena por un año tan increíble que he pasado fuera de casa. Mientras tanto, este último mes me he dedicado a escribir mi artículo de Islandia, a tomarme unos días de descanso y hacer una quedada con un amigo que no veía desde hacía mucho, además de tener una gran visita de cuatro días aquí en Aarhus.

Fue muy bueno quedar con mi amigo vasco Jon, que curiosamente nos conocimos en un viaje a Estados Unidos y que sólo le he visto ahí dos veces y la última nos vimos hace unas semanas en Copenhague. Todavía no sabemos lo que es vernos en territorio español por curioso y extraño que parezca. Fueron 24 horas, sólo un día con una noche de por medio, pero suficiente para volver a recordar muy buenos momentos de las dos últimas veces que nos vimos, para patearnos la ciudad de arriba a abajo y para pegarnos una buena fiesta de reencuentro en una discoteca del centro. Para terminar nos seguimos pateando más la ciudad con el free tour, en el que no dejamos de hablar y del que nos enteramos de menos de la mitad por nuestro estado debido a la noche anterior.


Una semana más tarde, vino desde tierras italianas mi gran amiga María para hacer la única visita por el momento que he tenido en Dinamarca. No paramos de hacer cosas e incluso visité sitios en los que no había estado todavía en estos tres meses, todo gracias a que con la visita había que salir obviamente y conocer Aarhus, Copenhague y el parque de Lego en Billund. En 4 días, nos dio tiempo a hacer dos tortillas de patata, un brownie, ir y volver en el día a Copenhague con unas turbulencias horribles en la ida en el barco y ver Legoland, un parque de lo más caro y lo más currado también.


Y de lo que me queda en Dinamarca, esta semana en mi clase publicaremos la revista con todos los reportajes de los sitios a los que hemos ido como "corresponsales". La versión web la podéis ver aquí. Después, a currar como un loco en el proyecto de final de curso, del cuál todavía no sé de qué hacerlo ni a dónde tendré que viajar. Espero que en la próxima entrada ya haya resuelto dicho dilema. Hasta entonces, pues.

lunes, 26 de marzo de 2012

Increíble Islandia

En el momento de escribir este post es 23 de Marzo y me hallo sentado en una cafetería del centro de Reikiavik, a las 13:10 del mediodía, disfrutando de un café y de Wi-Fi gratis esperando la llamada de un compañero para ver si como con él o no. Todo depende de la hora a la que acabe su entrevista y si le da tiempo a almorzar conmigo. Me quedan pocas horas aquí, y las únicas palabras que tengo para este viaje, que ha durado una semana, son sencillamente espectaculares.

Llegamos el sábado 17 tras tres horas de vuelo desde Copenhague a esta enorme y mayoritariamente despoblada isla del norte de Europa, en medio del Atlántico, entre Noruega, Groenlandia y el Océano Ártico. Sólo con esa descripción, uno se imagina cosas espectacualres de este país.

Imagen de la calle Vesturgata, o lo que es lo mismo, la que me he pateado día
sí y día también para ir de mi hotel al centro de Reikiavik.
He llegado hasta aquí con dos compañeros de clase, para hacer un reportaje sobre las consecuencias sociales de la crisis económica en Islandia. Cada uno hacemos el nuestro propio y el mío tratará de la emigración masiva de islandeses a Noruega en los últimos años. Así pues, nuestro día a día ha consistido en hacer entrevistas y tener encuentros con gente con la que habíamos contactado previamente para hablar un poco de la situación de Islandia y para preguntarles sobre cuestiones específicas del tema de nuestros reportajes. Cuando los terminemos, los podréis ver en la página web www.euroviews.eu

Reikiavik, que es dónde hemos estado la mayoría del tiempo, es una ciudad pequeña pero tremendamente cómoda para andar, debido a que todo está a mano y a que el sistema de autobuses carece de calidad alguna. La ciudad no tiene muchas cosas turísticas que ver; simplemente el puerto, algunas calles con tiendas y restaurantes y un par de iglesias grandes. El resto, ná de ná, porque lo realmente bonito de Islandia es ir a visitar su naturaleza salvaje de glaciares, volcanes, montañas nevadas y lagos y cataratas impresionantes.

El monte Esja, visible desde la costa y el puerto de Reikiavik.
Y eso hicimos ayer. El jueves por la mañana nos cogimos el tour turístico Golden Circle, el más típico de todos concretamente, y nos fuimos a explorar lo que realmente todos tenemos en mente cuando pensamos en Islandia. Como ya puse en mi Facebook, creo que fue la mejor excursión y más impresionante que jamás haya hecho en mi vida. En apenas 6 horas, vimos el cráter de un volcán, unos Geisheres (los chorros de agua que salen del suelo a propulsión por la actividad volcánica), un lago de agua caliente y la cascada más famosa de todo Islandia, considerada una de las 10 mejores del mundo.

La catarata Gulfoss es la más grande de Islandia con 32 metros de altura.
Fue esa catarata, rodeada de rocas volcánicas totalmente nevadas y de la que tanta agua caía, con la que me quedé completamente pasmado. En esos momentos, uno no sabe cómo reaccionar ni cómo expresar lo que uno piensa. Es totalmente impagable estar en medio de un paraje natural que parece no haber sido pisado antes por nadie. Conseguimos bajar por un estrecho totalmente helado hasta casi tocar el agua. Estar a escasos metros de esa bestialidad de la naturaleza fue sencillamente increíble. Nos llovió a mares e hizo un frío infernal. La posterior ducha caliente al llegar al hotel fue memorable y épica. De las más relajantes que he tenido en mucho tiempo.

Y así ha pasado esta semana hasta hoy. Me acaba de llamar mi compañero y me dice que no puede comer conmigo. Eso quiere decir que me las tengo que buscar por mi cuenta para comer. Después descansaré un rato en la habitación y cenaré para cerrar una semana inolvidable. Mañana toca ponerse la mochila a la espalda de nuevo de vuelta a Dinamarca. Esta vez irá más vacía, supongo que por la pena de tener que irme. Gracias Islandia por una semana tan grande, estos privilegios no se suelen dar muy a menudo. Hasta pronto.

viernes, 9 de marzo de 2012

Dos y veintidós


Resulta que el otro día llegué de clase e inconscientemente, mientras dejaba las cosas en mi mesa y me quitaba las zapatillas y el abrigo, empecé a pensar lo que ya llevaba vivido en Dinamarca y lo que me quedaba por aquí, lo más próximo y lo más lejano. No soy una persona de números. De hecho, estoy en periodismo porque no estudié ciencias. Aún así, di con una cifra que coincidía en muchas de las cosas en las que estaba pensando mientras me acomodaba en mi habitación. Por coincidencia o por azar, casi todo estaba relacionado con el número dos.

Dos son los meses que ya llevo aquí en Dinamarca. Por ahora, positivos aunque muy, muy distintos a los 4 que estuve en Utrecht. Las cosas ya se han asentado más y parece que la gente ya se junta más en grupos según con quien se lleve mejor o se lleve más. En mi caso, hago la mayoría de planes con la gente de mi clase y de vez en cuando acabo en alguna fiesta Erasmus de estas con el resto de estudiantes internacionales de mi facultad. No creo que haya que decir que esas fiestas están bien, además de que al final acabas hablando y pasándotelo bien con todo el mundo. Dos son también las asignaturas que he hecho hasta el momento y dos son las que me quedan para acabar. Sin duda aquí en escandinavia la organización de las clases y asignaturas es de 10 y no como en España. Todo mucho más práctico, trabajos sin presión y con tiempo de sobra para organizarte y hacer las cosas bien. De lo que me queda por delante, lo más inminente es el viaje a Islandia. En dos semanas ya habré vuelto y pondré un post contando mis aventuras. Dos son también las ideas que tengo en mente sobre las que hacer el trabajo de Islandia. Todavía no me he decidido y me empieza a correr cierta prisa, la verdad.

Aunque lo más importante es lo que ocurrirá en 6 días, cuando amanezca con veintdós primaveras. Dos doses, dos patitos o como lo queráis llamar. Va a ser un día raro al igual que único y original. Ya que no puedo estar en Madrid para ver a mi familia y amigos, intentaré celebrarlo como siempre y pensar que no celebraré un cumpleaños así nunca más, ni en Dinamarca, ni con la gente que me felicitará en persona ese día. ¿Me vais a mandar algún regalito? -8 para Islandia. Días, que no grados.

viernes, 24 de febrero de 2012

Un finde en Copenhague

El pasado fin de semana visité una de las ciudades que estaban marcadas en rojo en mi calendario Erasmus y más aún estando en Dinamarca. La primera vez me ha encantado y espero volver más veces. Es una ciudad de un poco más de 1 millón de habitantes y bastante atractiva para visitar. Me quedo con la zona centro de la ciudad, perfectamente hecha para andar y patear sin parar. Es la mejor forma de conocerla y disfrutar de sus calles, su arquitectura, iglesias, catedrales, grandes edificios antiguos, las típicas calles empedradas clásicas europeas, etc.

Como suelo decir, el viernes por la mañana madrugué y, mochila a la espalda (en este caso literal), puse rumbo a Copenhague. El viaje de Aarhus fue menos pesado de lo que puede parecer. Está a 3 horas tanto en coche, tren o autobús. Como somos estudiantes y quisimos ahorrar, cogimos la tercera opción que era la más barata. La peculiaridad de coger el autobús es que el trayecto se divide en 3 partes. Te suben a un bus en la esatción de autobuses de Aarhus, te llevan al puerto (5 minutos de trayecto), te montan en un ferry una hora y después te montan en otro autobús para seguir dos horas por carretera. Todo esto porque Copenhague está en una isla. Como digo, puede parecer aparatoso tanto cambio y transbordo, pero tanto a la ida como a la vuelta no se me hizo nada pesado. De compañía tuve a bastante gente de las clases de televisión y fotoperiodismo del semestre internacional de mi facultad de Aarhus. Son buena gente y estuve bastante a gusto con ellos. El único problema fue que éramos bastantes y a veces costaba ponerse de acuerdo para los planes, qué queríamos hacer en el día, dónde comer,... Como digo, fue a veces, no siempre. Nos organizamos mejor de lo que pensé. Por las noches (tras salir de fiesta, se entiende) caíamos rotos del cansancio en el Generator Hostel, bastante bueno y moderno, mucho mejor que al que fui en Londres hace 2 años y medio ya.

Creo que el sitio que más me impresionó no fue ni el centro, ni la catedral, ni la famosa sirenita (sí, me hice la foto de rigor), sino el famoso (yo lo desconocía) distrito de Christiania. Es un pequeño barrio que está como gobernado por la gente que está ahí, ellos imponen sus propias reglas. ¿Y por qué? Pues porque ahí venden todo tipo de droga a cascoporro, como churros y sin esconderla. Hay puestos de mercadillos en los que muestran perfectamente las tabletas de cualquier tipo de sustancia que os podáis imaginar. La gente fuma también sus canutos (algunos, canutazos) como si no pasara nada. Es totalmente ilegal, pero aún así ellos lo siguen haciendo. Lo más curioso es que no te dejan hacer fotos ahí. Aún así, es un sitio totalmente pacífico y por el que se acercan muchos turistas. Sus únicas normas son: 1, no hagas fotos; 2, no corras porque crea pánico; 3, pásalo bien. Con esa filosofía de vida convive la gente en ese distrito, muchos al calor de hogueras improvisadas en bidones de gasolina vacíos.

Ya cansado, con las piernas molidas de tanto andar y deseando coger mi cama para dormir mil horas seguidas, volví a ponerme la mochila a la espalda para volver de vuelta a Aarhus. Espero volver pronto por Copenhague. Si tenéis la oportunidad de ir, creo que no os defraudará, merece la pena. Os dejo con unas pocas fotos del viaje.











jueves, 9 de febrero de 2012

La vara de medir las cosas

Hoy hace un mes que aterricé por Dinamarca y lo primero que he pensado al levantarme ha sido en lo rápido que se me ha pasado. Me parece que fue ayer cuando esperaba solo, sentado en una de mis dos maletas, con una bolsa y una mochila, junto a la cristalera de un McDonald's en la estación central de Copenhague intentando coger Wi-Fi, impaciente por que diesen las cinco menos diez para coger el tren que me llevase a Aarhus. También parece que fue ayer cuando me «rescataron» esos dos chicos daneses de esa lluviosa, fría y oscura estación de tren para llevarme a mi residencia. El día siguiente me llevaron a IKEA y el resto de la historia... ya la sabéis del anterior post.

Al llegar lo primero que hice fue valorar todo lo que iba viendo y descubirendo: el apartamento, la zona, la universidad, la gente, etc. Un mes después pienso que para ello utilcé un medidor oxidado y anticuado, un metro que se coló por error en la maleta cuando pensaba que lo había dejado en Madrid. Se quedaba muy corto para abarcar la dimensión que tiene asimilar la suerte que uno tiene de poder venirse hasta Dinamarca a estudiar un semestre, habiendo estado ya otro en Holanda. Todo esto se trata de saber con que vara medimos las cosas en un momento, y con qué otras las medimos en otro momento. Por suerte, rebuscando en mi maleta, vi que no se me había olvidado el artilugio correcto con el que poder valorar todo lo que me rodea por aquí.


Hace tres semanas, cuando hablé de mi ¿bienvenida? a Dinamarca, estaba convencido de que todo iría a mejor con el tiempo. Y así ha sucedido. El empezar las clases ha ayudado bastante para rellenar las horas muertas que había por la residencia. El que llegase toda la gente de la clase y fuesemos más para organizar planes, también. No he explorado la ciudad todavía muy a fondo, es difícil viviendo en un sitio que está un poco apartado de todo, pero ya vamos teniendo un mapa de buenos bares y pubs. Todavía quedan más por examinar, aunque me quedo con el «Friday Bar» de mi universidad, que se trata de un auténtico pub en plena facultad, abierto los viernes de 2 de la tarde a 11 de la noche. Cervezas a 20 coronas, buena música e inmejorable ambiente.

Así que, cogiendo la vara correcta de medir las cosas, no sólo he medido los centímetros de nieve que han caído últimamente ni hasta dónde han bajado los térmometros (porque hace un frío que pela), sino que está claro que todo por aquí ha ido a mejor y estoy seguro de que seguirá así. En Marzo voleremos a medir, convencido que mirando atrás desde mucho más alto.

(Intentaré escribir más entradas, si las clases, el otro blog y el frío me lo permiten y no me he quedado congelado por la calle antes).

martes, 17 de enero de 2012

¿Bienvenidos? a Dinamarca

Uno de los edificios de mi residencia, la Skjoldhojklollegiet.

La semana pasada comenzó la segunda parte de mi periplo erasmus de este curso. Después de llegar al aeropuerto de Copenhague y montarme tres horas en un tren, acabé en la segunda ciudad más grande de Dinamarca: Aarhus. Allí me estaban esperando dos estudiantes daneses que, muy majos ellos, se están encargando de ayudarnos a los estudiantes extranjeros a asentarnos lo mejor y más rápidamente posible en la residencia y en la ciudad. En apenas un día, me llevaron a mi apartamento, a registrarme a la oficina municpal y hasta pasé una mañana entera con ellos en IKEA. +1 para los chicos daneses.

Por el momento, sólo he podido pasear en profundidad un día por el centro de la ciudad. De ella destaca que hay muchísimas tiendas, amplias avenidas y calles peatonales y que no es tan ancestral como Utrecht, aunque sí que tiene la típica catedral antigua visible desde casi cualquier punto de la ciudad.

Lo más complicado por ahora, no ha sido acostumbrarme a la ciudad, sino al sitio en el que llevo viviendo ocho días y en el que me quedan cinco meses por delante. Es una de las dos residencias más grandes de todo Dinamarca, pero está situada a media hora en autobús de la ciudad. De hecho, no está ni en Aarhus, sino en una localidad pegada llamada Brabrand, con lo que hacer una simple actividad como es pasear por el centro no es algo que puedas decidir en el momento, sino que todo lo debes planear con antelación. Alrededor de la residencia no hay prácticamente nada. Bueno sí, 4 ó 5 supermercados y un bar, con lo que hambre y sed no pasaré, pero lo que es una calle comercial o un sitio donde sentirte cerca de la civilización, nada de nada.

Todo esto se compensaría si en la residencia, en la que hay más de 800 habitaciones, la gente saliese de sus madrigueras y se dejase ver por la calle. El enigma que sigo sin resolver es saber dónde narices se meten las personas en este sitio, si además la que te cruzas en pocas ocasiones ni te saluda. ¿Dónde está la gente amable y simpática en este país? Lo cierto es que he llegado a mitad de un mes en el que mucha gente se irá ahora al acabar el primer semestre y mucha también vendrá en las próximas semanas para el segundo. Quizás esto tarde en carburar y arrancar, el problema es que creo que estoy siendo muy impaciente con ello.

Al menos coincido cerca con la mayoría de la gente de mi clase de Utrecht del primer semestre, con lo que no vengo del todo solo. Aún así, este páramo silencioso y solitario llamado Skjoldhøjkollegiet deja, por ahora, muchas cosas que desear. Lo que me falta es la vidilla que tenía en Utrecht, la echo de menos, y espero que no tarde mucho en volver a aparecer. Mi compañero de apartamento es un tío de mi clase que, por mucho que ya le conozca y sea muy limpio y ordenado, tiene 40 años y, aunque sólo lleva dos días por aquí, a veces me da la sensación de que estoy viviendo con mi padre. Pobrecillo, no se merece esta crítica tan dura con lo buena persona que es y con el riquísimo plato de pasta que me preparó ayer, pero lamentablemente lo pienso así.

Esto es lo primero que puedo contar desde la fría e inhóspita Dinamarca, donde a las 5 de la tarde ya es de noche y donde las cosas se pagan con coronas en vez de con euros. No me aclaro con las monedas todavía, son muy liosas. Lo único que pido es que pongan una feria al lado para animar un poco la zona y que pueda conocer rápido a un grupo de gente (españoles o no) que no les importe salir de sus habitaciones y que te saluden con toda normalidad si te les cruzas por las calles del campus o en la escalera de tu bloque. Sólo pido eso, nada más.