jueves, 9 de febrero de 2012

La vara de medir las cosas

Hoy hace un mes que aterricé por Dinamarca y lo primero que he pensado al levantarme ha sido en lo rápido que se me ha pasado. Me parece que fue ayer cuando esperaba solo, sentado en una de mis dos maletas, con una bolsa y una mochila, junto a la cristalera de un McDonald's en la estación central de Copenhague intentando coger Wi-Fi, impaciente por que diesen las cinco menos diez para coger el tren que me llevase a Aarhus. También parece que fue ayer cuando me «rescataron» esos dos chicos daneses de esa lluviosa, fría y oscura estación de tren para llevarme a mi residencia. El día siguiente me llevaron a IKEA y el resto de la historia... ya la sabéis del anterior post.

Al llegar lo primero que hice fue valorar todo lo que iba viendo y descubirendo: el apartamento, la zona, la universidad, la gente, etc. Un mes después pienso que para ello utilcé un medidor oxidado y anticuado, un metro que se coló por error en la maleta cuando pensaba que lo había dejado en Madrid. Se quedaba muy corto para abarcar la dimensión que tiene asimilar la suerte que uno tiene de poder venirse hasta Dinamarca a estudiar un semestre, habiendo estado ya otro en Holanda. Todo esto se trata de saber con que vara medimos las cosas en un momento, y con qué otras las medimos en otro momento. Por suerte, rebuscando en mi maleta, vi que no se me había olvidado el artilugio correcto con el que poder valorar todo lo que me rodea por aquí.


Hace tres semanas, cuando hablé de mi ¿bienvenida? a Dinamarca, estaba convencido de que todo iría a mejor con el tiempo. Y así ha sucedido. El empezar las clases ha ayudado bastante para rellenar las horas muertas que había por la residencia. El que llegase toda la gente de la clase y fuesemos más para organizar planes, también. No he explorado la ciudad todavía muy a fondo, es difícil viviendo en un sitio que está un poco apartado de todo, pero ya vamos teniendo un mapa de buenos bares y pubs. Todavía quedan más por examinar, aunque me quedo con el «Friday Bar» de mi universidad, que se trata de un auténtico pub en plena facultad, abierto los viernes de 2 de la tarde a 11 de la noche. Cervezas a 20 coronas, buena música e inmejorable ambiente.

Así que, cogiendo la vara correcta de medir las cosas, no sólo he medido los centímetros de nieve que han caído últimamente ni hasta dónde han bajado los térmometros (porque hace un frío que pela), sino que está claro que todo por aquí ha ido a mejor y estoy seguro de que seguirá así. En Marzo voleremos a medir, convencido que mirando atrás desde mucho más alto.

(Intentaré escribir más entradas, si las clases, el otro blog y el frío me lo permiten y no me he quedado congelado por la calle antes).

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